DIETA BALANCEADA


Una dieta balanceada o equilibrada es aquella que a través de los alimentos que forman parte de cada una de las comidas aporta nutrientes en las proporciones que el organismo sano necesita para su buen funcionamiento.


Cuando el cuerpo (organismo) procesa los componentes de los alimentos (aparte de las fibras), estos proporcionan la energía (calorías) necesaria para que cada parte del cuerpo cumpla con sus funciones, así como vitaminas y minerales para que dichos procesos se lleven a cabo como es debido.

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En este blog publicaremos diversos artículos sobre sobre nutrición y dietas, así como la gestión y administración adecuada de concesiones alimenticias.

ESTRÉS LABORAL Y ALIMENTACIÓN

Estrés laboral

Sólo muy recientemente han tomado cuerpo las variantes organizacionales en la consideración del estrés laboral ya que, hasta ahora, era visto como un conflicto de la persona y no como una dimensión del conjunto de la organización de la empresa.

Las manifestaciones del estrés ocasionado por el trabajo, son sumamente versátiles en cuanto a su procedencia, persistencia e intensidad. Aunque todos soportamos en nuestra actividad laboral diaria determinados niveles de estrés, no cabe duda de que ciertas profesiones generan más estrés que otras, reflejándose en la alteración del nivel de bienestar y propiciando la aparición de trastornos asociados, psico-hormonales y psico-sociales, que influyen en todas las actividades de la persona (como pueden ser, entre otras, los hábitos alimentarios) y que pueden llegar a manifestarse como una enfermedad.

Con mayor o menor dificultad, las personas que trabajan deben adaptarse a las circunstancias negativas que se les presentan en el ámbito laboral, procurando no agravar esta actividad adaptativa con nuevas fuentes asociadas de estrés, innecesarias y gratuitas. Por eso, determinados hábitos sociales y fisiológicos, nocivos o mal orientados, deberían ser tenidos en cuenta y evitados: especialmente, el consumo de sustancias tóxicas (alcohol, tabaco, estimulantes, tranquilizantes, etc.) y de nutrientes orgánicos ingeridos de manera incontrolada (o, quizá, compulsiva).

Las alteraciones y los desórdenes dietéticos pueden actuar como desencadenantes de estrés. Se crearía de esta forma un mecanismo de retroalimentación que tendría la siguiente secuencia: dieta o hábitos alimentarios inadecuados - deficiencias en los mecanismos de la nutrición a causa de la ingesta alimentaria improcedente - células insuficientemente alimentadas que reclaman, con señales de alarma traducidas en endoestrés, un aporte de emergencia para paliar su déficit - efecto sumatorio de este estrés interno con el estrés externo producido por los otros estresores que se dan en el ámbito laboral.

Hambre y apetito

El apetito puede considerarse un estado mental caracterizado por el deseo de comer algunos alimentos, que se acompaña de cambios viscerales. Igual que ocurre con otras sensaciones aprendidas, es lógico suponer que el apetito puede ser modificado por diversos factores. Tienen particular importancia al respecto éstos: estado emocional, variaciones químicas y vasculares e impulsos transmitidos al mesencéfalo desde la víscera correspondiente y otros órganos. Las manifestaciones centrales y viscerales pueden ser desencadenadas por pensamientos, olores, sabores, imágenes o sonidos desagradables (“que disgustan”, lo cual significa literalmente quitar el gusto o el apetito).

Nutrición y alimentación

La alimentación es la consecuencia de una serie de actividades conscientes y voluntarias, en tanto que la nutrición se realiza de forma involuntaria e inconsciente.

Según esto, podrían deducirse, al respecto, una serie de evidencias y de hipótesis:

1. La nutrición, condicionada como está a la alimentación, no jugaría ningún papel activo y directo en la generación de estrés; sí podría hacerlo, de manera indirecta, por ese mecanismo de endoestrés que sugerimos anteriormente.

2. La alimentación, en cuanto actividad voluntaria, puede revestirse de muy diferentes actitudes, positivas o negativas. En el caso de las negativas, la mala praxis o la deficiente planificación alimentaria constituyen claros factores de riesgo que pueden desencadenar situaciones de estrés.

3. Si los planteamientos anteriores se centran en las personas que trabajan, habrá que concluir que puede considerarse estrés laboral cualquier situación en la que se ingieran alimentos inconvenientes, o cantidades inadecuadas, y que estos alimentos (de mejor o peor condición) se consuman apremiados por el tiempo y con precarias garantías fisiológicas para su posterior procesamiento metabólico.

4. Muchas situaciones de estrés laboral, previas a cualquier planteamiento alimentario, aportan un componente de ansiedad o de disconfort emocional que podría desencadenar, en la persona que se vea afectada, conductas compulsivas en torno a la alimentación.

5. Por su condición de libre y consciente, la alimentación puede ser orientada en la dirección que mejor convenga al individuo, a tenor de sus circunstancias personales, sociales o laborales.

¿Alimentos Antiestrés?

Cabría preguntarse, entonces, si existen alimentos antiestrés que puedan incorporarse a la dieta de trabajadores sometidos a riesgos específicos, o que realizan grandes esfuerzos puntuales o, bien, cometidos en que es preciso desarrollar un gasto energético sostenido. No hay grandes expectativas al respecto porque no parece que ningún nutriente pueda atribuirse efectos antiestresantes.Sin embargo, las vitaminas A, C y E parecen ejercer un influjo directo en la formación de radicales libres y, muy concretamente, la vitamina C, según Pauling y cols., desempeñaría un papel esencial en la respuesta del organismo al estrés, porque la acción biológica del estrés sobre el organismo está unida a la destrucción de los stocks de vitamina C.

Hay un hecho cierto, y es que el placer que nos provocan ciertos alimentos hace que nuestro organismo segregue “opiáceos endógenos” (endorfinas) generadores de bienestar y euforia. Por este motivo hay que suponer que cada persona acaba teniendo sus propios alimentos antiestrés. En cualquier caso, no existe una dieta única.

Modelos estresantes de alimentación en el medio laboral

La casuística más frecuente en lo que se refiere a estrés laboral en relación con la alimentación es la que se organiza en torno al componente de apresuramiento, casi de urgencia, con que satisfacen las necesidades nutritivas un gran número de trabajadores que se ven obligados a intercalar en su jornada laboral una ingesta alimentaria inadecuadamente planificada desde el punto de vista calórico y consumida con rapidez. Pero, además, existen malas costumbres y falsos conocimientos en relación con algunos aportes energéticos, consagrados por el uso rutinario pero gravemente perjudiciales para la salud, como por ejemplo el consumo de alcohol de alta graduación, al comienzo de la jornada en ciertos cometidos laborales (para “entrar en calor”), cuando es notorio que, la exaltación de la circulación periférica consecuente a esa ingesta, que falsamente se interpreta como un gratificante corporal y anímico, responde más bien a una condición de refrigerante central.

Pueden sumarse al cortejo de presuntos despropósitos alimentarios las grandes o mínimas ingestas (aunque se trate de nutrientes correctos) y las formas de alimentarse intempestivas o extemporáneas; por ejemplo, las cenas abundantes con que se sobrecarga al cuerpo justo en el momento en que el ritmo circadiano marca el comienzo o la instalación del período de desactivación orgánica y metabólica y, en el mismo camino, los llamados almuerzos de trabajo, durante los cuales gran parte de nuestro componente psicobiológico se aplica a cosas bien distintas a aquellas que contribuyen a proporcionar un buen acomodo a los alimentos que ingerimos.

Estrés, estrés laboral y aparato digestivo

En el estrés, laboral o no, el metabolismo se altera y, por lo que se refiere al sistema digestivo se produce un retraso en la digestión.Desde el punto de vista del sistema nervioso vegetativo, el estrés determina situaciones presididas por la predominancia del sistema simpático y en consecuencia, y por lo que se refiere al tracto digestivo, se producirán estados inhibitorios en la estructura bajo influencia del simpático cervical (glándulas salivares), del simpático torácico (esófago), del esplácnico superior (musculatura y glándulas del estómago, glándulas intestinales e intestino delgado) y del esplácnico inferior (inhibición del colon descendente y vasoconstricción del la “S” ilíaca y del recto).

Por lo dicho anteriormente no debe extrañar que el aparato digestivo, en sus múltiples facetas, se constituya en el “órgano diana” en muchas de las situaciones que generan estrés laboral. Es particularmente llamativo el hecho de que un porcentaje altamente significativo de los trabajadores a turno presenten sintomatología referida al aparato digestivo (hiperacidez, digestiones pesadas, aparición de úlceras gastroduodenales o reactivación de algunas ya superadas, alteraciones de hábitos evacuatorios, etc.). También es frecuente encontrar en las manifestaciones psicosomáticas que acompañan al “mobbing” cuadros de adelgazamiento o engorde injustificado.

Estrés laboral y desórdenes/enfermedades relacionadas con hábitos alimentarios inadecuados

Desde una consideración laboral de la vigilancia de la salud hay un tema desencadenado, directa o indirectamente, por el estrés que, como otros de carácter grave, debe ser recogido entre las prioridades de la medicina del trabajo: se trata de la presencia de hábitos de sobrenutrición generadores de situaciones de sobrepeso y obesidad que constituirían factores de riesgo de patologías múltiples y actuarían como agravantes de cualquier enfermedad.

El sobrepeso-obesidad constituye un serio problema de salud pública (y laboral) por su alta prevalencia, por su tendencia al progresivo incremento y por su entidad como factor de riesgo que acorta la vida media y se asocia a otros factores de riesgo coronario y tensional. En este terreno forma una tríada letal con el consumo excesivo de alcohol y el tabaquismo.

El estrés, que algunos añaden como significativo factor de riesgo cardiovascular sería, antes que otra cosa, el potenciador y mantenedor de los tres hábitos insanos enumerados antes.

No es excusable que los exámenes de salud no recojan como grave incidencia para la salud del trabajador las situaciones de sobrepeso manifiesto y grave porque ambas reflejan, además de una anomalía objetiva, la posibilidad de que factores extrínsecos a esas fuentes potenciales de patología orgánica estén invocando la existencia previa de otros factores de carácter funcional y organizativo cuya perturbación genere estrés laboral y éste a su vez provoque la adhesión compensatoria a hábitos insanos en el área de la alimentación.

Fuente consultada: Nutrición Hospitalaria. Suplementos Vol 1 (2) Setiembre 2008

Fuente: http://alimentacion.org.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=1856:estres-laboral-y-alimentacion&catid=41:salud-nutricional&Itemid=60

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